LOS ÁRBITROS Y LA PRESIÓN

Escrito por FJESALCEDO 17-10-2014 en ÁRBITRO. Comentarios (0)

El árbitro de futsal, durante el partido, recibe presiones desde tres frentes: el público, los jugadores y los técnicos. Todos pueden influir en sus decisiones, pero el colegiado ha de saber mantenerse al margen de las mismas.

Los entrenadores, delegados y demás cuerpo técnico se convierten en los abanderados de la presión. El motivo por el que lo hacen es muy loable, ya que en su mayoría pretenden ser ellos los que canalizan las protestas con el fin de que los jugadores se dediquen a jugar y se sientan protegidos por su banquillo. Pero su actitud se torna contra ellos por varios motivos. El primero es que su comportamiento lo contagian a los jugadores que se encuentran en el banquillo y, posteriormente, a los de la cancha. Como consecuencia tenemos un equipo fuera del partido, desconcentrado.

El segundo es que las protestas a los árbitros o las discusiones con los contrarios pueden suponer tarjetas que merman al equipo, cuando el culpable de la conducta suele ser un componente aislado. Como última consecuencia, el comportamiento descontrolado de los técnicos puede ocasionar un exceso de celo por parte de los árbitros hacia el banquillo, provocando, a su vez, una situación perjudicial para ambos equipos.

Por otro lado, la presión viene de los jugadores, tanto de los de pista como de los suplentes, en forma de protestas. En ambos casos se perjudica al conjunto, pero el deportista ha de ser listo y mantenerse en el campo callado, pues un roja le impediría volver a jugar el resto del partido y dejaría a su equipo con un jugador menos durante dos minutos. Este tipo de presión no favorece al equipo que la comete, ya que obliga al colegiado a estar pendiente de la disciplina, pudiendo descuidar la parte del juego que puede decantar el resultado, como son las faltas, los corners, etc.

Ya por último, la presión viene del público. Este es el único, que dentro de una conducta deportiva, esta legitimado para presionar al arbitro y a los adversarios. Además es necesario que un equipo tenga una afición que achuche y si no lo hace no  esta cumpliendo su función de ayudar al equipo. Un partido sin público, gritos y silbidos no motiva a los participantes, porque esa es la salsa del fútbol sala.

Después de leer estas líneas parece que los árbitros somos insensibles a las presiones, pero eso no es así, existiendo además circunstancias que hacen que seamos más susceptibles, tales como nuestra edad, experiencia en el arbitraje, en la categoría, etc. El único antídoto para mantenernos fríos es ver el partido acción a acción, es decir, aislarlas sin pensar en las anteriores. De esta manera no nos podrá sacar del partido ni un error ni una protesta. Tenemos que pensar siempre en el siguiente lance y no debemos escuchar al público, sólo oírlo, oír el ruido para que nos sirva de motivación, pero siempre sin escuchar las palabras aisladas de los aficionados que nos pueden distraer. Así podremos llegar al final del partido con la conciencia tranquila por haber hecho lo que hemos considerado justo.

Respecto a los errores arbitrales quiero decir, a técnicos, jugadores y público en general, que cuando un árbitro sale contento con su actuación no lo celebra y lo olvida en pocas horas. Mientras que si su trabajo ha sido desacertado se marcha afectado para toda la semana, esperando que salga bien el próximo encuentro para olvidar su pesar.

Por todo esto somos los primeros interesados en arbitrar correctamente para estar satisfechos con nosotros mismos y, ante todo, resaltar que ningún error es intencionado, porque un árbitro “gana” el partido cuando los componentes de ambos equipos le dan la mano tras el pitido final. Esta es nuestra única victoria.