ARBITRAJE Y DEPORTE ESCOLAR

EL MIEDO AL DEBUT


Este próximo fin de semana comienzan los XXVI Juegos Deportivos de Escuelas Católicas de Madrid (ECM). Un día de ilusión y de nervios para todos los jugadores. Mucho de ellos tendrán la noche antes cosquilleo porque será la primera vez que compiten y otros porque tienen toda su expectativa puesta en hacer un buen papel esta temporada, personal y colectivo.

Todos los coordinadores, entrenadores y familias pondrán su esfuerzo en animar y tranquilizar a sus niñ@s de cara al reto que van a afrontar desde este sábado 15, pero quizá nadie se acuerde que otras personas, en total 232, estarán más nerviosas si cabe, esperando este fin de semana.

Esas personas y deportistas son los árbitros que dirigirán los encuentros de baloncesto, futsal y voleibol. Muchos de ellos, los veteranos, inquietos por comenzar una nueva temporada y otros tantos nerviosos porque será la primera vez que se enfrenten a un silbato y a un terreno de juego repleto de jugadores y padres.

Para todos ellos, y en especial para los noveles, pido el máximo respeto y comprensión, pues, aunque ninguno ya es prebenjamín de edad, sí que todos  los novatos son prebenjamines en su tarea, tanto como esos deportistas que comienzan por primera vez a competir.

Por eso cuando vayamos a criticar su labor desde la banda por uno de los múltiples errores que cometerán a buen seguro sólo pido que si somos padres pensemos en qué hacemos con nuestro hij@ cuando se equivoca, animarle a continuar practicando; que si somos árbitros experimentados pensemos en nuestro primer partido, cuando sólo hicimos sonar el silbato para empezar y para concluir el encuentro; y si somos entrenadores que pensemos en lo difícil que es cuando arbitramos nuestros propios entrenamientos.

Sólo eso, fijaros que poco esfuerzo para con ello evitar protestas y sufrimientos a esas 232 personas y deportistas que desempeñarán la ya de por sí difícil función de árbitro. Tratémosles con el respeto que se merecen, es decir, con el mismo que ofrecemos a nuestros deportistas, bien sean nuestros hijos, nuestros pupilos o nuestros ídolos, si de deporte profesional se trata, porque sin jugadores no habría partido ni competición, pero sin árbitros tampoco.


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